En toda organización que crece, hay algo que siempre aparece como desafío: animarse a decir lo que se puede mejorar. No porque falte compromiso, ni porque las cosas estén mal, sino justamente porque muchas veces funcionan y eso genera una cierta comodidad.
Decir lo que se puede mejorar no es señalar errores ni buscar culpables. Es, en realidad, una muestra de responsabilidad y de cuidado por el trabajo que hacemos todos los días. Implica mirar los procesos, los tiempos, los detalles y preguntarse si hay una forma más simple, más clara o más eficiente de hacer las cosas.
En HTL venimos construyendo una cultura donde el crecimiento no se da solo por los resultados, sino también por la capacidad de revisar lo que hacemos. Y eso requiere algo fundamental: escucha. Escuchar de verdad, sin defensas, sin justificar de antemano y sin minimizar lo que el otro ve desde su lugar.
Muchas veces, quienes están en la operación diaria detectan antes que nadie esos pequeños desajustes que no se ven desde afuera. Un proceso que se puede ordenar mejor, una tarea que se repite de más, un detalle que antes no molestaba y hoy sí. Animarse a decirlo es dar un paso más allá del “cumplo con lo mío”. Es involucrarse.
También sabemos que no siempre es fácil hablar. A veces por miedo a incomodar, a quedar expuesto o a pensar que “no es tan importante”. Pero lo cierto es que cuando esos espacios no se abren, las oportunidades de mejora se pierden y lo que podría resolverse con una conversación termina convirtiéndose en desgaste.
Construir una cultura de feedback no significa que todo se cambie todo el tiempo. Significa entender que mejorar es un proceso continuo, que hay prueba y error, que algunas ideas se ajustan y otras no funcionan como esperábamos. Y eso está bien. Lo importante es no dejar de intentarlo.
Animarse a decir lo que se puede mejorar también implica aceptar que no todas las propuestas se van a implementar, pero sí que todas merecen ser escuchadas. Porque de ese intercambio nacen mejores decisiones, equipos más comprometidos y una forma de trabajar más sana.
Seguir creciendo como equipo requiere coraje. El coraje de hablar, de escuchar y de revisar lo conocido. No para romper lo que funciona, sino para fortalecerlo.
Y ese es un valor que se construye todos los días, en cada conversación.